18-09-2019 El Pescaíto de Carmela, pescado, Restaurantes Granada, Sardinas,

Cómo comer sardinas en casa (sin morir en el intento)

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El otoño de las sardinas

En la última entrada del blog repasamos el calendario anual de mariscos, con objeto de recomendaros la mejor época para consumir en todo su esplendor las distintas variedades que podemos encontrar en cualquier mercado o lonja. 

Al igual que ellos, los peces también se rigen por un calendario propio, siendo septiembre y octubre los meses más adecuados para el consumo de especies como el besugo, el cabracho, el bonito o el salmonete. Aunque nosotros tenemos debilidad por uno en especial: la siempre radiante sardina. ¡Qué rica! ¡Y cómo brilla!

Las estaciones cálidas (de mayo a octubre) suponen la mejor época para la pesca y consumo de la sardina por una simple razón: las elevadas temperaturas que se dan en el medio marino permiten una gran abundancia de plancton, con el que nuestras queridas sardinitas, tan golosas ellas, se sobrealimentan ganando en contenido graso y, por tanto, potenciando al máximo su inconfundible sabor.


El pez más sabroso y brillante

Aunque el refrán tradicional reza “cuando se come mucha sardina, la casa está en la ruina”, no debemos infravalorar las cualidades de este resplandeciente pez, pariente lejano del arenque y la anchoa. Como buen pescado azul, entre sus múltiples propiedades nutricionales destaca la presencia de altos contenidos de Omega 3, minerales (calcio, selenio, yodo y magnesio), además de grandes porcentajes de vitamina B12, B6, D y E. No en vano, la Fundación Española del Corazón ha reconocido  sus propiedades antioxidantes, reparadoras, anti-infecciosas y cardiosaludables.

En definitiva, la sardina es un gran aliado para mantener nuestra salud cuidada al mismo tiempo que disfrutamos de su inimitable y apetitoso sabor.

Limpieza ante todo

Si queréis preparar sardinas en casa os vendrá muy bien saber por dónde empezar, y eso pasa por saber cómo limpiarlas correctamente. Para evitar que esta tarea se convierta en un sufrimiento que os haga perder el apetito, os explicamos cómo hacerlo siguiendo unos sencillos pasos:

  1. 1. Comprobamos si la sardina aún conserva escamas. En caso de ser así, las retiramos raspando con un cuchillo en movimientos cortos y rápidos, siempre en dirección contraria a la escama. También podemos hacerlo con los dedos, pero ayudándonos con un buen chorro de agua fría del grifo.
  2. 2. Les quitamos las cabezas, agarrándolas bien por detrás de las aletas pectorales, que cortaremos con una tijera.
  3. 3. Con el vientre mirando hacia nosotros, introducimos un dedo en el comienzo del cuerpo, y con el cuchillo lo vamos abriendo despacio y muy cuidadosamente, para no romper los lomos laterales. 
  4. 4. Retiramos la sangre mojándolas con un hilito de agua del grifo.
  5. 5. Evisceramos: movemos nuestro dedo índice desde la cola a la cabeza, retirando con todas las tripas y demás elementos desagradables al paladar.
  6. 6. Con la ayuda de una tijera, cortamos las posibles barbitas restantes en ambos lomos. 
  7. 7. Dependiendo de la receta que vayamos a preparar, podemos optar por retirar también la espina dorsal, eso sí, con mucho cuidado de no partirla ni desgarrar la carne. La mejor forma de hacerlo es agarrando firmemente con la otra mano los filetes laterales.

 

Septiembre y octubre, época de sardinas

Seguro que con esta pequeña guía no tendréis problema alguno para limpiar correctamente la sardina sin alterar ni un ápice su morfología. Probadlo, es mucho más sencillo de lo que parece.

Oye sardina, ¡menos humos!

Con todo, sospechamos que probablemente la fase de limpieza no sea lo que verdaderamente os quite las ganas de preparar sardinas en vuestra propia casa. Todos conocemos el lío de humo que se puede armar, con su consecuente y persistente olor (que tardará días en abandonar las paredes de vuestra casa) y que incluso, en casos extremos, generará encontronazos con vuestros apestados vecinos (salvo que no tengáis a nadie viviendo en tres kilómetros a la redonda).  

No desistáis: afortunadamente, la sardina también puede prepararse sin necesidad de hacerlo sobre las brasas de una parrilla. Dado que su olor se desata al pasarlas por el fuego, la primera opción es simple: comerlas crudas. ¿Crudas? Sí, es posible, mediante el recurso de ponerlas en salmuera para después marinarlas con vinagre y complementarlas con unas verduritas picadas. Siguiendo este mismo método, otra buena idea puede ser servirlas troceadas sobre una base de arroz, estilo sushi. Si éste está caliente mejor aún, ya que la grasa de la sardina se derretirá, aportando un irresistible toque meloso al conjunto. 

Muchas recetas: crudas, asadas, a la sal, en papillote...

Nuestra siguiente sugerencia pasa por el calor del horno. En este caso conviene no retirar las vísceras, que potenciarán su sabor y se pueden retirar con bastante facilidad una vez asadas. En cuestión de veinte minutos las tendremos listas para comer, tiempo que podemos aprovechar para cocer unas patatas en agua, machacándolas una vez estén cocidas para crear así una base sobre la que poner vuestras sardinas recién horneadas. Un truco adicional: si las asamos sobre una buena capa de sal extra gorda minimizaremos aún más la presencia de olores. 

Otra idea interesante, si no lo tenéis ya, es comprar un soplete de cocina, que os permitirá preparar en unos pocos minutos unas sardinas bien ricas y con una sorprendente a la par que crujiente textura en su piel. 

El papillote, otra opción válida

Por último, no podéis descartar la posibilidad de cocinarlas en papillote, otra técnica muy fácil, rápida y sana de la que ya os hablamos hace algunos meses y que podéis aprender a preparar paso a paso desde aquí.

Creemos haberos dado sugerencias suficientes como para que desde este momento no tengáis excusa alguna para hacer sardinas en casa. Así que esperamos que no esperéis hasta Santa Catalina para empezar a experimentar y compartir con nosotros todas vuestras creaciones. 

¡A la rica sardina!

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